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viernes, 19 de septiembre de 2014

Diario (61)

19 de septiembre, 2014.

   Escocia vota no a su independencia. Me parece bien, tanto como que hubiese votado que sí. Ha sido un final de carrera tenso, muy ajustado, y el resultado final tampoco es que marque una diferencia notable entre las dos opciones. Aunque desde mi punto de vista en este tipo de consultas falta siempre una tercera vía que creo que debería incluirse en las papeletas: "me importa una mierda", con la solemne promesa de dejar de dar la chapa para siempre con el tema de las secesiones, sucesiones y demás patrioterismos de todo pelaje si ésta triunfa. Es la que yo habría elegido, y tengo para mí que también un alto porcentaje del electorado.

    Aquí, creo, el compromiso de dejar de dar la tabarra con la independencia de Cataluña o la unidad de España, por todos los medios y en todos, arrasaría en las urnas en mi humilde opinión. Un telediario sin amenazas de desobediencia civil, el súbito empobrecimiento de los súbditos o incluso un conflicto armado en caso de, obtendría sin duda un apoyo aplastante, pero es una tendencia que ni siquiera se contempla cuando se trata el asunto. Debería formarse el partido Melasuda, con un programa bien concreto, tanto que su propio nombre sería una descripción precisa del mismo. En caso de ganar, cualquier bandarra que hablase de banderas en el prensa obtendría una ejemplar sanción, y multas los tumultos, desfiles o cualquier apología ilógica. Durante cuatro años al menos estarían prohibidas las declaraciones públicas de amor sacrificado al terruño, bajo la acusación de tierrorismo, así como reñir por reinos, las desviaciones histéricas de lo histórico o la incitación al imperio, que sería castigada con la pena de sujetar un globo inflado durante veinticuatro horas al día evitando en todo momento su explotación. Las alusiones desaforadas a tribus serían inmediatamente puestas a disposición de un tribunal, y sólo se podría hablar del estatuto navarro con un polvorón en la boca y haciendo una mención previa y bien clara de su capital. Por favor...

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Mis tiranos favoritos (25)

EL GENERAL QUEIPO DE LLANO.

   En julio de 1936 se produce en España una cruzada para salvar a la patria de comunistas, ateos, maricones y demás chusma, según algunos autores. Había que santificar el suelo de la patria, que cristalizase de nuevo el cristianismo, y para eso nada mejor que poner a un sádico sexual al frente de una emisora de radio; es, sin debate, lo que atrae más clientela devota. Las emisiones del general Queipo de Llano eran de alto voltaje. Hay quien sostiene que le pusieron varias estrellas en la charretera porque los dos rombos se quedaban cortos. Pedía violaciones masivas deleitándose, con tal regodeo en las sugerencias y descripciones que hasta los de su propio bando tuvieron que censurar algunas de las locuciones, por aquello del qué dirán los nazis. "¿General Mola?". "Sí... pero mola más Capitán General... ¿Qué cojones pasa?". "Es Queipo de Llano, señor... Ha vuelto a perder los papeles". "¡Menos mal! Pues dígale a la tropa que hay pena de paredón para el que los encuentre, que últimamente hasta el canijo se está poniendo rojo".

   En su Hoja de Servicios constaba que era indisciplinado, díscolo y difícil de ser mandado. No sé si en el ejército se considerarán virtudes, aunque desde luego en una ETT como anoten algo así estás jodido. Se apuntaba como un caza a todos los pronunciamientos que se producían, que en la época no eran pocos, y podía pasar de monárquico de toda la vida a republicano, y de ahí a no se sabe muy bien qué, sin pestañear, como quien en lugar de su tónica vital cambia la del cubata. Pero en fin... a nadie le resultaron sospechosos semejantes bandazos, y salvo un breve exilio por un golpe fallido y un impasse con los primos de Rivera (que por cierto tenía más que San Luis hijos, y con peor mala hostia) siguió ascendiendo y llegó a ostentar los más altos grados militares. Aunque su vocación, sin duda, era la de orador.

   El 15 de agosto (1936) unos cuantos cruzados mágicos se reúnen en Sevilla para conmemorar la festividad de la Virgen de los Reyes, y ya de paso cambiar formalmente de bandera. Estaban Franco, Millán Astray y toda la tropa... y por supuesto no podía faltar Queipo de Llano, que ya que estaba allí destinado en lo universal no quiso perder la ocasión de pronunciar un sentido discurso. Se remontó a la Antigua Roma y sus pendones, cosa que ya empezó a alarmar al personal, porque con lo bocazas y desbocado al mismo tiempo que era la cosa podía acabar perfectamente en una orgía bárbara. También habló de Egipto, no se sabe muy bien a cuento de qué, porque la Faraona no había triunfado aún; supongo que para justificar las ventajas de la estructura piramidal y tal. Pero vamos, que la cháchara fue infame, gastó más ardor que un mechero del chino. Se piraba con la verborrea al pasado y al futuro, mientras los presentes se aguantaban el bostezo y hasta las ganas de desertar cagando leches, porque menudo ñu. En un momento dado se puso a hacer su particular interpretación del color morado de la bandera republicana, como si fuese Rimbaud - o Rambó en su caso. Una especie de teoría cromático-freudiana que tenía más tela que la susodicha enseña. Y es que hablaba así, ojo, y si no la enseñó fue de milagro. Suerte que la República tuvo el buen criterio de no añadir una franja violeta, porque se pone a analizar esa palabra este pistón con pistolón y se va a forzar a la cabra de la legión después. Con el verano en Sevilla y ese apasionamiento suyo vaya sudores... Aunque al final estuvo comedido teniendo en cuenta su repertorio habitual. Simplemente llegó a la conclusión de que el morado significaba "inmoralidad". ¡Toma etimología fina!

   Hace un par de años, celebrando el aniversario del glorioso alzamiento, Ruíz Gallardón tuvo el buen criterio de renovar el marquesado de Queipo de Llano, para que no se perdiese un legado tan ilustre. Luego dicen que en este país no hay memoria histórica. ¡Y una polla no la hay! Lo que pasa es que se acuerdan de unas cosas y de otras no... Si bien Queipo de Llano es conocido, sobre todo, por su contestación a José Valdés Guzmán, encargado de la represión en Granada, cuando éste le comunicó que habían detenido a Federico García Lorca. "Dale café, mucho café". Así es nuestro Ministro de Justicia, y yo diría que nuestra justicia en general. O en generales más bien.



martes, 16 de septiembre de 2014

Diario (60)

16 de septiembre, 2014.

   Parece que hay serias posibilidades de que la reforma de la Ley del Aborto se quede en el cajón, o en un auténtico descojone. Después de dar la matraca con el derecho a la vida del cigoto y el genocidio silencioso de millones y millones de células, por lo visto la estrategia política marca otra cosa, y resulta que si hay algo sagrado es el poder. Quienes afirmaban desde su escaño que se estaban exterminando seres humanos no sé qué dirán ahora, cuando tengan que tragarse ellos la papilla a cucharadas. Ahí se verá si todos esos principios insobornables de los que tanto alardeaban son ciertos o simplemente otro camelo más. Si en verdad se creían lo que estaban defendiendo con tanto arrojo o no era más que una táctica para contentar a cierto sector de votantes y mantener así sus privilegios. Me muero de curiosidad.

   Personalmente no tengo muy clara mi posición con respecto al aborto. Es un tema sobre el que no me suelo pronunciar porque me genera muchas dudas, y en el que creo que hay que hilar muy fino. En principio soy favorable a una ley de plazos sensata, a que la madre pueda decidir siempre y cuando lo haga antes de que se haya llegado a un determinado nivel de desarrollo del feto, en cuyo caso ya me resulta más problemático posicionarme. En este punto estoy, aunque no es un tema que me resulte agradable ni sencillo, como supongo que a nadie le sucede, salvo a los que están radicalmente en contra en cualquier supuesto y ven así de fácil la solución. La ley más restrictiva de Europa en las últimas décadas fue seguramente la que se aprobó en Rumanía durante los años de Ceaucescu. El aborto allí era un delito gravísimo, penado si mal no recuerdo con diez años de cárcel como mínimo, y con controles ginecológicos exhaustivos a todas las mujeres para comprobar que no se hacía ninguno de manera clandestina o incluso casera. Las consecuencias fueron espantosas, como es sabido. La población empezó a multiplicarse a lo bestia y al final no había manera de mantener a las nuevas criaturas. A la mayoría se les produjo un sufrimiento que más valdría haber evitado, sin duda. Pero claro, quizá es que como eran comunistas no contaban con la inestimable ayuda de dios para proveer. No lo sé. Aquí por lo pronto tampoco parece que se esté enrollando mucho. Algunos ya cifran la pobreza infantil en dos millones, y aun los hay que reivindican los otros dos millones que faltan según sus cálculos, para mayor gloria. Creo que llegados a este punto habría que determinar si "la vida" es sólo llorar y cagarse de miedo, o si hay otros factores que influyen en semejante estado, como la capacidad de recibir alimento y cuidados, la dignidad, el libre y sano desarrollo... Todo esto me parece una reforma más necesaria y hasta imperiosa que la planteada, una condición sine qua non, pero curiosamente es algo que raras veces se aborda y que incluso se tacha de "demagogia" en muchos casos por los más pro vida del chiringuito. Para mi gusto es esa hipocresía lo que los hace poco creíbles así en general, y con las excepciones que seguro existen, aunque ahora habrá una ocasión estupenda para comprobar si sus más acalorados defensores públicos anteponen tales valores a los bursátiles o si todo era un farol para iluminados, y en el fondo les importa un huevo.

 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Diario (59)

11 de septiembre, 2014.

   Desde hace unas semanas, puede que meses, nos alertan cada vez con más intensidad del peligro yihadista. Un numeroso grupo de tarados severos, cuchillo en mano, andan a degüello por Iraq, ejecutando chiíes por centenares, algún periodista norteamericano en el prime time y en general a cualquiera que no sea de la parroquia. Aún recuerdo cuando Bush Jr., Blair y Aznar se reunieron para asegurarnos que se iba a democratizar la zona, esgrimiendo su conocida competencia profesional como estadistas y algunas otras jurídicas que se atribuyeron por su cuenta. Con semejantes cerebros al frente de la pacificación resulta incomprensible que las cosas hayan salido tan mal - de la peor manera posible, vamos. Por no hablar de que se anuncia a bomba y platillo volante una nueva guerra, intervención, control de la insurgencia, cruzada mágica o como se le quiera llamar esta vez al engendro. Con un nobel del buen rollo dirigiendo los ataques sabe dios... Paz y circo o algo así.

   Las crisis económicas acostumbran a traer guerras. Como los niños un pan debajo del brazo, pero al revés. Se venden pepinos que da gusto, y como además se gastan rápido pues hay que reponer con urgencia. Así liquidas los stocks a la par que terroristas, un chollo, y convences de paso al personal de que las armas son formidables, una industria siempre pujante y necesaria. Lo que mejor garantiza nuestra seguridad en todos los aspectos. Personalmente estaba casi convencido de que esta vez se combatiría contra Boko Haram, la caterva de aquel aventado nigeriano que salía en un vídeo puesto hasta la bola de medicamentos humanitarios. No sé, daba esa impresión, pero últimamente parece que se ha olvidado el tema y que hay un nuevo grupo mucho más cruel y molesto: Isis. Otros lunáticos o medialunáticos como para ir a las olimpiadas, que además parece que están pidiendo a gritos que los arrasen. Claro, como no ven la tele occidental no saben que los EEUU siempre ganan las batallas y que tienen en la actualidad el ejército más poderoso del mundo, con drones fulminantes y la hostia, porque de saberlo - pienso - quizá harían lo suyo con un poco más de discreción, sin dar tantísimo la nota. No digo por caballerosidad, sino para salvar el pellejo más que nada, que ya les están diciendo a las claras que los van a aniquilar y parece que no se dan por aludidos. Siguen ahí con el twitter, provocando a lo bestia, mandando vídeos espantosos para cabrear bien a los marines y que entren a saco a por ellos, con todo el apoyo internacional encima. De verdad que cuesta entender tanta estupidez estratégica. Casi parece que les asesora el trío de las Azores.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Diario (58)

6 de septiembre, 2014.

   Cerca de 60.000 árabes (o gente que habla en ese idioma) se hacen seguidores de Rajoy en Twitter. Y luego dicen que es la persona anteriormente conocida como Rey (el símbolo de la transición) la que tiene numerosos amigos en la zona. Según el Partido Popular se trata de un ataque organizado, muy probablemente por fundamentalistas de los que quieren recuperar Al-Ándalus. Tiene sentido: últimamente don Mariano habla mucho de semejante recuperación, dando todas las claves y proyectos de altura que la harán posible. Aunque quizá, visto lo visto, sería conveniente un poco más de discreción por su parte, para evitar malentendidos. Cambiar los eslóganes, o al menos concretar un poco mejor a qué clase de recuperación se refiere. En circunstancias normales el término se entiende bien, claro que las circunstancias normales son a España lo que el clavicordio al atún, y no digamos ya si son beduinos de la duna los que interpretan el mensaje, con el traductor de Google encima. Menudo pollo. Fijo que la mitad por lo menos creían que era un llamamiento a la yihad. Es éso o que alguien le haya puesto clandestinamente un anuncio en la sección de contactos de alguna revista gay.

Diario (57)

   5 de septiembre, 2014.

   La semana pasada terminé de leer "El dinero", de Zola. El título es bastante elocuente: trata de chanchullos financieros, de la especulación y sus letras de pago y letrinas de pega. Está, además, inspirado en un hecho real: el hundimiento de la Unión Générale, una casa de crédito de corta pero intensa duración, creada en 1875 y quebrada en 1882 después de cuatro años de ascensos ininterrumpidos en su cotización. En principio pretendía ser un banco católico sólido y con poder económico suficiente para competir con la sempiterna banca judía, y durante un tiempo casi lo consigue, aunque desde luego no todo era trigo limpio - en realidad nada - y aquel becerro de oro acabó yéndose a pique y arrastrando consigo a la Bolsa de París cuando se descubrió que el precio de las acciones estaba más inflado que el globo de Miguel Ángel Rodríguez.

   Zola tenía un ojo clínico, y hasta cínico a veces. Miraba la realidad como un cirujano que va a operar en ella, con paciencia y sin apenas concesiones, y de ahí que sus libros no sólo sean un fiel reflejo de lo que pasaba entonces, sino casi casi de la actualidad. En "La taberna" hizo un estudio brillante sobre la dipsomanía y la personalidad de un alcohólico mucho antes de que la medicina se ocupase siquiera del asunto. Sin copiar de ningún manual, vamos, sólo de personajes y acontecimientos cotidianos que analizaba con su fina mirada y un cerebro bien amueblado. Fue, sin duda, uno de los grandes del XIX, y si acaso la única crítica posible, si es que lo es, fue la que le hizo Pla, otro observador contundente: "lo malo del naturalismo es que es verdad". (La cita es de memoria, puede que dijese "lo peor del naturalismo" o algo así).

   El retrato de los capitalistas y sus tenderetes de ficción parece casi fotográfico. No falta ni el periódico allegado. El protagonista, Saccard, es una de las primeras cosas que hace cuando decide dar el pelotazo: comprarse un pequeño diario ultracatólico para reflotarlo y que le sirva como arma ofensiva o bien de pantalla para sus espejismos. Lo que hoy se llama "generar opinión", y en román paladino "comer la bola". Si se estudiasen las fuentes de financiación de la mayoría de las gacetas ("urraquillas", siguiendo la etimología de Unamuno) creo que se llegaría a la conclusión de que las noticias las siguen pagando en última instancia, y con insistencia, individuos o corporaciones del mismo pelaje. No pienso que sea ningún secreto a estas alturas; la opción es ésa o que en la Facultad de Periodismo pongan tripis en la máquina de café. Ahora los telediarios y demás ya son directamente como una teletienda, donde se anuncian pasarelas, espás, saraos o la última moda en misiles de largo alcance, demostrando su eficacia con imágenes exclusivas. Y en la sección de economía, por supuesto, las mejores tendencias; bueno, las únicas en realidad. Las más inteligentes, claro que sí, hasta que de pronto aparecen las quiebras y las crisis súbitas y los doctores con cara de pez abisal avisando a toro pasado del cataclismo y ofreciendo de paso sus fórmulas contra la depresión, financiera o psicológica. Como si acabase de suceder lo nunca visto...


lunes, 16 de junio de 2014

Diario (56)

16 de junio, 2014.

   En "Tatuaje" Pepe Carvalho utiliza un Quijote para encender la chimenea. Califica al querido personaje de idiota, y luego calcula que con los demás libros que tiene en casa le puede alcanzar para unos diez años de fuego. Capítulos antes ya había reducido a cenizas uno de Laín Entralgo, uno de esas inmortales logomaquias sobre España. Algo muy comprensible en el fondo (la incineración quiero decir), si bien en el caso del hidalgo es sin duda mucho más impactante y se queda uno como helado mientras arde, sin saber muy bien qué pensar de esa alegoría o alegato o lo que sea. En realidad no hay discriminación, es un acto puramente pragmático más que emocional. El detective ya no parece encontrarle más utilidad a los libros que la de calentarle, y no precisamente el corazón. Aunque, eso sí, a todos les da la puntilla antes de entregarlos a las llamas, los despacha con algún exabrupto atinado y hasta divertido; sin odio pero con bastante mala leche por así decirlo. Más que algunas obras en particular parece que está quemando una forma de entenderlas, de sacralizarlas, recordando que en la vida existen elementos mucho más esenciales que la literatura, como el fuego por ejemplo. Como un refugio bien aclimatado y cómodo cuando anochece.

   De hecho, después de muchas vueltas y consideraciones, parece que toda la verdadera inteligencia humana tiende a esa simplicidad un poco desencantada y un poco no; a esa especie de conformismo animal y sencillo con la naturaleza que ya predicaban los filósofos antiguos como único medio de alcanzar un razonable bienestar. Sin aspavientos ni grandes teorías, sólo como un gato que se lame sobre la mesa, que es su propia unidad de destino en lo universal sin necesidad de recurrir a grandes nociones de nación y demás zarandajas. No hay más búsqueda que la de seguir vivo en toda la extensión de la palabra, que la de no estropear la armonía del mundo con nuestros merengues y pijadas para mejorarlo - porque no es él quien necesita mejorar, ojo, sino nosotros dejar de joderlo. Hay que quemar la idea de que nuestra sabiduría va más allá de esos límites, de que puede hacerlo, antes de que los auténticos quemados seamos nosotros y no precisamente de un modo metafórico. Cervantes fue un pobre hombre comido por el hambre y las desgracias, un hombre lo bastante valiente, tenaz y talentoso como para convertir su dolor en una joya hermosa y una seria advertencia... Pero estoy seguro de que él mismo estaba convencido de que poco más se podía hacer, y más todavía de que en muchas noches frías de miseria o cautiverio soñaba con tener un buen montón de ilustres novelas de caballería y encontrar el eslabón perdido, junto con la yesca y el perdernal.