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martes, 21 de octubre de 2014

Diario (68)

21 de octubre, 2014.

   Tiempo sin escribir. Llevo un par de semanas leyendo y sacando datos de algunos libros sobre fugaos (maquis) que me traje de Asturias. De hecho el sábado encargué otro por internet, que no sé cómo estará pero que al menos tiene la ventaja de ser barato (6 pavos). Veremos...

   Un par de ellos son de Gómez-Fouz: "La brigadilla" y una biografía de Bernabé, que no era precisamente "político" pero que dio mucha guerra. Es curioso porque Gómez-Fouz no es un académico ni un historiador convencional. Fue campeón de Europa de boxeo, eso sí, que mola más y puede que hasta sea más práctico, y durante años anduvo por ahí recopilando viejos recuerdos y recorriendo los pueblos y escenarios donde éstos se desarrollaron para reconstruirlos mejor y dejar constancia de ellos. Quien quiera saber lo que de verdad ocurría en los montes de Asturias en los años 40 no tiene más remedio que leer su obra, incluso hoy. Aunque por supuesto también hay otras. Resulta curioso pensar que todavía hay gente viva que vio todo aquello. Casi parecen historias de otro país, inconcebibles en la actualidad, y sin embargo sólo nos separan de ellas un par de generaciones. A veces la censura y el olvido forzado (nunca del todo efectivo) desdibujan la realidad de la que venimos de manera pasmosa, y de ahí que muchas veces las cuentas no cuadren, y no sólo las de Bankia.

   Hay que imaginar, por ejemplo, a unos mendas llamados los Caxigales. Caxigales porque así se llamaba la casona propiedad de su familia, una humilde quintana montañesa de esas con cuadra y hórreo. Los dos hermanos, Manolo y Aurelio, se piraron del Frente Norte cuando éste cayó, en el 37. A seguir con la lucha por su cuenta (Asturias estuvo declarada oficialmente "zona de guerra" hasta 1952). El 1º de mayo de 1939 un grupo de somatenes y falangistas capturaron a su padre y a su hermana en Ciaño, donde se habían ido a refugiar en casa de unos parientes, hartos ya de las constantes detenciones y palizas. Ese día también les curtieron con ganas, durante horas: "¿Dónde se esconden?", pero ninguno de los dos cantó. Los llevaron a un kilómetro de allí, a un lugar llamado la Zueca, donde les ejecutaron y abandonaron sus cuerpos como abono. Más tarde les enterraron tres mozos de algunas aldeas cercanas, entre ellos su tío (de Manolo y Aurelio) Antón. Prácticamente el resto de su familia fue detenida, torturada, enviados al campo de concentración de Figueras, fusilados... Ninguno les delató, y en algún momento se llegaron a ofrecer hasta 60.000 pesetas de la época por sus cabezas. Su prima Pilar, que ya no podía soportar más arrestos y vejaciones, se largó a pinrel a cruzar la frontera francesa, estando embarazada. Y así todo... Claro que tampoco es fácil contar el número de guardias civiles y miembros de "la contrapartida" que se llevaron por delante los Caxigales. Fueron unos cuantos, y sin pestañear. Un día el mayor, Manolo, iba paseando por Pola de Laviana y un sargento moro le paró para pedirle la documentación, la "papela con foto", como la llamaban ellos. En tres segundos le pegó un tiro allí mismo y rodeado de testigos, con una pachorra que los dejó a todos a cuadros. "Toma papela con foto, hijo de puta", dijo. Y se fue tan tranquilo; claro que a ver quién le daba el alto a ése visto lo visto. Los Castiellos, los maricos, Lisardo, Aladino, Bóger, Guerrero, los gitanos, Josepón, Bardial, Canor el de Santa Rosa, Luisón, el fugau con vaques... una lista que podría seguir durante un buen rato, porque los había a espuertas.

   Gómez-Fouz cuenta la historia, entre otras muchas, de uno que llegó a Francia. A su bola, sin consultar a la estructura. Uno del PCE en el exilio, al que no le hizo mucha gracia esa decisión tan espontánea, cuando lo tuvo en frente le preguntó: "¿Pero qué haces tú aquí?". El otro le dijo secamente: "Vengo a relevaros. Ahora os toca a vosotros ir al monte...". Por supuesto no supo qué responderle. Carrillo solicitó informes de acciones y nombres y se le dio lo primero, pero no lo segundo, a pesar de que insistió haciendo valer su flamante cargo. Santiaguito Santiaguito... ¿con quién cojones te crees que estás hablando? Algunos olían el tabaco a doce metros, y a los que se lavaban las manos todos los días para quitarse el barro desde más lejos incluso.

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