domingo, 23 de diciembre de 2012
"Digo que yo no soy un hombre puro", un poema de Nicolás Guillén.
Yo no voy a decirte que soy un hombre puro
entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.
Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho y dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.
Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.
(Nicolás Guillén, en "Nueve poetas cubanos del siglo XX", ed. Grijalbo Mondadori, 2000, pp. 32-34).
sábado, 22 de diciembre de 2012
"A Lisi", un poema de José de Jesús Martínez.
Diez años ha, me cago en dios, que te amo
cada vez con más odio, cada día
con un nuevo rencor, y todavía
te busco, te huyo, te maldigo y llamo.
Puta madre, mamita, cómo lamo
la espada de tu ausencia, larga y fría,
y cómo me odian, mama, el alma mía
y el cuerpo en el que a diario me encaramo.
Se me ha podrido el corazón de tanto
quererte, odiarte, verte y de no verte,
y tanta pena, Lisi, tanto llanto.
Diez años ya, carajo, de quererte
comiendo mierda, soledad y espanto,
mierda con mierda, coño, hasta la muerte.
(José de Jesús Martínez, sacado de la página www.poetaspoemas.com).
cada vez con más odio, cada día
con un nuevo rencor, y todavía
te busco, te huyo, te maldigo y llamo.
Puta madre, mamita, cómo lamo
la espada de tu ausencia, larga y fría,
y cómo me odian, mama, el alma mía
y el cuerpo en el que a diario me encaramo.
Se me ha podrido el corazón de tanto
quererte, odiarte, verte y de no verte,
y tanta pena, Lisi, tanto llanto.
Diez años ya, carajo, de quererte
comiendo mierda, soledad y espanto,
mierda con mierda, coño, hasta la muerte.
(José de Jesús Martínez, sacado de la página www.poetaspoemas.com).
viernes, 21 de diciembre de 2012
Mis tiranos favoritos (6).
MAXIMILIANO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
Creía en médicos invisibles, o quizá era sólo una excusa para recortar el presupuesto sanitario. Aunque parece ser que sí, porque una vez llenó San Salvador de luces de colores para espantar a la viruela. Cuando su hijo Maximiliano enfermó de gravedad recurrió a ellos; puso a calentar ahí en el patio de palacio, al sol, varias botellas azules llenas de agua y... en fin, no mucho más. Supongo que se las dio tibias o hervidas para que bebiese o algo, ni idea. Naturalmente se murió. Tenía, eso sí, un reloj de péndulo que le avisaba de si le habían echado veneno en la comida. Poniéndolo a dar vueltas sobre un mapa encontraba a los malos y tesoros piratas, un utensilio utilísimo. Podía además comunicarse telepáticamente con el Presidente de los Estados Unidos, aunque a veces recurría a medios más convencionales para no abusar de su paraciencia ni de la paciencia del otro. Por ejemplo cuando le explicó que no quería soldados negros allí. Temía sobre todo que pudiesen reproducirse ( se corría el inminente riesgo, dijo); que pensasen quizá que todos aquellos farolillos de colores eran para celebrar al patrono y andar por ahí quilando con los condones invisibles, y no una cosa seria, luces para la salud.
Como buen militar de carrera que era llegó rápido a general. Luego entró en las listas del partido Pro Patria, de tendencia claramente propatriótica. Eran los más tajantes del bareto entonces en eso de paisar al prójimo, de los del puño en la barra. Sin concesiones, o sólo las justas vamos - a la fruitcompanys y cía y deja de contar. Había que salvar a El Salvador, ser más papistas que el Papa y si hacía falta llenar la capital de piñatas rotas pues se llenaba, cojones; pero allí ya no iba a cogerse un trancazo ni dios, ni a los marines negros de los machines que atracaban, que ya aborrecían tantos catarros y cotarros ciudadanos. En algo así consistía el programa, no estaba muy claro en realidad... y sin embargo ganaron. Maximiliano fue nombrado Ministro de Guerra y Vicepresidente, que de entrada no estaba mal; hasta que descubrió, claro, que Presidente vestía mucho más y fue haciendo las gestiones para permutar prematuramente con la ayuda inestimable de las fuerzas invisibles, que para cosas así parece que sí son eficaces que se matan. Era fan del nazismo, o al menos aficionado, y se trajo a algunos arios importantes importados para dar buen tono y color, ya que en esa época estaban de moda además. En 1938 nombró Director de la Escuela Militar a Eberhardt Bohnstedt, general de la Wehrmacht, que aunque resultaba difícil de pronunciar hasta por telepatía venía muy bien para pronunciamientos. Gimnasia alemana para todos, venga, y por supuesto fútbol, que no faltase. Porque se pueden discutir las medidas médicas de Maximiliano, cuestionar la lógica de su ideología y hasta dudar si sus neuronas funcionaban por impulsos sinápticos o dándole a la manivela, pero lo cierto es que ni siquiera a día de hoy se ponen en duda sus esfuerzos para favorecer el balompié en su país, abriendo campos donde no los había y dando apoyos por centenares para entrenar.
Introdujo la Cívica y la Urbanidad como materias obligatorias en todos los niveles académicos. El adecentamiento corporal, la distinción entre seres humanos normales y anormales y el modo de conducirse en la mesa, en la sala y en el dormitorio, o bien en velorios y enterramientos, adquirieron casi la categoría de disciplinas autónomas - firmes -. Se estableció asimismo que cualquier persona que pidiese educación sería considerada comunista, o sea, muy desconsiderada. La patria estaba llena de gente con inclinaciones semejantes y había que poner orden a tanta ordinariez. Sólo para empezar, se llevó a cabo una operación de desinfección de desafectos conocida como "la matanza". Entre 15 y no menos de 30.000 de estos fenómenos, según las diferentes cifras, fueron debidamente reconvertidos en vertidos recónditos en pocas semanas; entre ellos el legendario Farabundo Martí. No todo iba a ser perfecto y se cometió el error de enterrarlos a escasa profundidad, lo cual provocó que las piaras de cerdos se disparasen para devorarlos, con el consecuente y muy imaginable problema de higiene. Como es lógico el Gobierno tuvo que intervenir para evitar la contaminación de los animales, que podrían haber llegado a ponerse más rojos que rosas también. Además se representó por obligación en todo el país, para salir bien airosos del impasse de la limpieza, la obra teatral Pero también los indios tienen corazón, una cocada. Hasta el péndulo delator se paralizó de emoción. Entonces aún no habían aterrizado en la zona, pero es probable que incluso los nazis, con lo envarados y maizones que eran en generales, hubiesen terminado por agotar la caja de kleenex soltando lagrimones de los gruesos y mocos rubios como querubines.
Creía en médicos invisibles, o quizá era sólo una excusa para recortar el presupuesto sanitario. Aunque parece ser que sí, porque una vez llenó San Salvador de luces de colores para espantar a la viruela. Cuando su hijo Maximiliano enfermó de gravedad recurrió a ellos; puso a calentar ahí en el patio de palacio, al sol, varias botellas azules llenas de agua y... en fin, no mucho más. Supongo que se las dio tibias o hervidas para que bebiese o algo, ni idea. Naturalmente se murió. Tenía, eso sí, un reloj de péndulo que le avisaba de si le habían echado veneno en la comida. Poniéndolo a dar vueltas sobre un mapa encontraba a los malos y tesoros piratas, un utensilio utilísimo. Podía además comunicarse telepáticamente con el Presidente de los Estados Unidos, aunque a veces recurría a medios más convencionales para no abusar de su paraciencia ni de la paciencia del otro. Por ejemplo cuando le explicó que no quería soldados negros allí. Temía sobre todo que pudiesen reproducirse ( se corría el inminente riesgo, dijo); que pensasen quizá que todos aquellos farolillos de colores eran para celebrar al patrono y andar por ahí quilando con los condones invisibles, y no una cosa seria, luces para la salud.
Como buen militar de carrera que era llegó rápido a general. Luego entró en las listas del partido Pro Patria, de tendencia claramente propatriótica. Eran los más tajantes del bareto entonces en eso de paisar al prójimo, de los del puño en la barra. Sin concesiones, o sólo las justas vamos - a la fruitcompanys y cía y deja de contar. Había que salvar a El Salvador, ser más papistas que el Papa y si hacía falta llenar la capital de piñatas rotas pues se llenaba, cojones; pero allí ya no iba a cogerse un trancazo ni dios, ni a los marines negros de los machines que atracaban, que ya aborrecían tantos catarros y cotarros ciudadanos. En algo así consistía el programa, no estaba muy claro en realidad... y sin embargo ganaron. Maximiliano fue nombrado Ministro de Guerra y Vicepresidente, que de entrada no estaba mal; hasta que descubrió, claro, que Presidente vestía mucho más y fue haciendo las gestiones para permutar prematuramente con la ayuda inestimable de las fuerzas invisibles, que para cosas así parece que sí son eficaces que se matan. Era fan del nazismo, o al menos aficionado, y se trajo a algunos arios importantes importados para dar buen tono y color, ya que en esa época estaban de moda además. En 1938 nombró Director de la Escuela Militar a Eberhardt Bohnstedt, general de la Wehrmacht, que aunque resultaba difícil de pronunciar hasta por telepatía venía muy bien para pronunciamientos. Gimnasia alemana para todos, venga, y por supuesto fútbol, que no faltase. Porque se pueden discutir las medidas médicas de Maximiliano, cuestionar la lógica de su ideología y hasta dudar si sus neuronas funcionaban por impulsos sinápticos o dándole a la manivela, pero lo cierto es que ni siquiera a día de hoy se ponen en duda sus esfuerzos para favorecer el balompié en su país, abriendo campos donde no los había y dando apoyos por centenares para entrenar.
Introdujo la Cívica y la Urbanidad como materias obligatorias en todos los niveles académicos. El adecentamiento corporal, la distinción entre seres humanos normales y anormales y el modo de conducirse en la mesa, en la sala y en el dormitorio, o bien en velorios y enterramientos, adquirieron casi la categoría de disciplinas autónomas - firmes -. Se estableció asimismo que cualquier persona que pidiese educación sería considerada comunista, o sea, muy desconsiderada. La patria estaba llena de gente con inclinaciones semejantes y había que poner orden a tanta ordinariez. Sólo para empezar, se llevó a cabo una operación de desinfección de desafectos conocida como "la matanza". Entre 15 y no menos de 30.000 de estos fenómenos, según las diferentes cifras, fueron debidamente reconvertidos en vertidos recónditos en pocas semanas; entre ellos el legendario Farabundo Martí. No todo iba a ser perfecto y se cometió el error de enterrarlos a escasa profundidad, lo cual provocó que las piaras de cerdos se disparasen para devorarlos, con el consecuente y muy imaginable problema de higiene. Como es lógico el Gobierno tuvo que intervenir para evitar la contaminación de los animales, que podrían haber llegado a ponerse más rojos que rosas también. Además se representó por obligación en todo el país, para salir bien airosos del impasse de la limpieza, la obra teatral Pero también los indios tienen corazón, una cocada. Hasta el péndulo delator se paralizó de emoción. Entonces aún no habían aterrizado en la zona, pero es probable que incluso los nazis, con lo envarados y maizones que eran en generales, hubiesen terminado por agotar la caja de kleenex soltando lagrimones de los gruesos y mocos rubios como querubines.
jueves, 20 de diciembre de 2012
"Otra vez Amarilis", poema atribuido a Márgara Sáenz (*).
El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.
Tu auto trepando hacia la sierra, la CreamRica
¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos
esos moteles.
Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote
te gózame, me amándonos, decíamos.
¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
¿quién pega alaridos y triza los espejos
donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?
¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di
qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,
qué casada cuidadosa del cornudo.
Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con
nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te
muera para siempre, que se te pudra si regresas.
Una vez dije allí no ¿recuerdas?, dije después
donde quieras. Tú me observabas igual que un
entomólogo, eras un médico lascivo examinando
una muchacha muerta de amor: no hables, eres
una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
tocabas probándome y fui durazno de esos
que se abren con la mano.
Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la
tarde, separando con suavidad mis carnes,
descubriendo lo que ni yo conozco, mi zona
más oscura, la que guarda esa caricia atroz,
obscena y tuya que no olvido.
Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me
has negado tu cuerpo, el que gustaba mirar
impúdico y erecto viniendo a mí, el tuyo que
era el mío. Concédeme eso entonces: anda a
otro sitio a hacer tus porquerías.
O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado,
ya no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede
sino juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no
existe más nosotros. Uno y uno, dos solos: yo
y esa mierda que tú soy y yo añoras, desgraciado.
(Figura en la "Antología de la lírica amorosa", ed. Vicens-Vives, 1990, pp. 181-182, atribuido a Márgara Sáenz [1937-1964]).
(*) La autora es una invención. El poema fue compuesto conjuntamente por tres escritores peruanos - Mirko Lauer, Abelardo Oquendo y Antonio Cisneros - para una antología de poesía erótica publicada en los años setenta. Hasta que la travesura o lo que fuese quedó al descubierto se formó cierto revuelo. Según Miguel Ángel Huamán por encontrar en un mismo texto tres rasgos inverosímiles: poeta mujer, ecuatoriana y buena. Pero el caso es que se armó pistonuda: hubo - Gabriela Falconi: "El extraño caso de la poeta guayaquileña Márgara Sáenz (1937-1964)" - hasta una manifestación que culminó con la obligación legal de incluir el poema en los libros escolares, como ejemplo de la producción intelectual de la mujer ecuatoriana y latinoamericana; y en Guayaquil existe al parecer o existió la Plaza Márgara Sáenz, con monumento en mármol y acero a la escritora incluido. De hecho en la antología donde yo lo leí no se dice nada al respecto, y se da por real el nombre, aunque sin más datos que esas dos fechas de nacimiento y muerte y apuntar que el poema fue extraído de la excelente selección de José Batlló, "Cien poemas de amor de la lírica en lengua castellana", Lumen, Barcelona, 1987.
Tu auto trepando hacia la sierra, la CreamRica
¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos
esos moteles.
Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote
te gózame, me amándonos, decíamos.
¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
¿quién pega alaridos y triza los espejos
donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?
¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di
qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,
qué casada cuidadosa del cornudo.
Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con
nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te
muera para siempre, que se te pudra si regresas.
Una vez dije allí no ¿recuerdas?, dije después
donde quieras. Tú me observabas igual que un
entomólogo, eras un médico lascivo examinando
una muchacha muerta de amor: no hables, eres
una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
tocabas probándome y fui durazno de esos
que se abren con la mano.
Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la
tarde, separando con suavidad mis carnes,
descubriendo lo que ni yo conozco, mi zona
más oscura, la que guarda esa caricia atroz,
obscena y tuya que no olvido.
Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me
has negado tu cuerpo, el que gustaba mirar
impúdico y erecto viniendo a mí, el tuyo que
era el mío. Concédeme eso entonces: anda a
otro sitio a hacer tus porquerías.
O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado,
ya no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede
sino juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no
existe más nosotros. Uno y uno, dos solos: yo
y esa mierda que tú soy y yo añoras, desgraciado.
(Figura en la "Antología de la lírica amorosa", ed. Vicens-Vives, 1990, pp. 181-182, atribuido a Márgara Sáenz [1937-1964]).
(*) La autora es una invención. El poema fue compuesto conjuntamente por tres escritores peruanos - Mirko Lauer, Abelardo Oquendo y Antonio Cisneros - para una antología de poesía erótica publicada en los años setenta. Hasta que la travesura o lo que fuese quedó al descubierto se formó cierto revuelo. Según Miguel Ángel Huamán por encontrar en un mismo texto tres rasgos inverosímiles: poeta mujer, ecuatoriana y buena. Pero el caso es que se armó pistonuda: hubo - Gabriela Falconi: "El extraño caso de la poeta guayaquileña Márgara Sáenz (1937-1964)" - hasta una manifestación que culminó con la obligación legal de incluir el poema en los libros escolares, como ejemplo de la producción intelectual de la mujer ecuatoriana y latinoamericana; y en Guayaquil existe al parecer o existió la Plaza Márgara Sáenz, con monumento en mármol y acero a la escritora incluido. De hecho en la antología donde yo lo leí no se dice nada al respecto, y se da por real el nombre, aunque sin más datos que esas dos fechas de nacimiento y muerte y apuntar que el poema fue extraído de la excelente selección de José Batlló, "Cien poemas de amor de la lírica en lengua castellana", Lumen, Barcelona, 1987.
"Vidas rebeldes", un poema de Uberto Stabile.
Cuando era más joven pensaba que ser libre era ser libre
algo así como no tener obligaciones ni compromisos,
nada por lo que vivir, nada por lo que morir
rebelde sin causas conocidas.
Años más tarde descubrí que alguien
tenía que tirar la basura todas las noches,
porque la vida y la casa empezaban a oler mal,
como huele uno cuando critica todo cuanto no es.
Años más tarde descubrí entre la basura que tiraba
el dulce aroma de mi propio hogar
tu ropa sucia, mis fotografías
los juguetes viejos de los niños
y esa llave que nunca supe lo que abría,
pero ya había perdido la casa
y tuve que reconstruir la esperanza
mucho más lejos de donde estaba calculado.
Ahora, cuando cada noche salgo a la calle con mi bolsa de basura
y aprovecho el paseo para encender ese cigarrillo que despierta
los perros de los vecinos
y los veo en sus casas encendidas consumir la vida,
me doy cuenta que en la oscuridad
era más fácil ser libre.
(Uberto Stabile: "La línea de fuego", ed. Brosquil, 2008, pp. 76-77).
algo así como no tener obligaciones ni compromisos,
nada por lo que vivir, nada por lo que morir
rebelde sin causas conocidas.
Años más tarde descubrí que alguien
tenía que tirar la basura todas las noches,
porque la vida y la casa empezaban a oler mal,
como huele uno cuando critica todo cuanto no es.
Años más tarde descubrí entre la basura que tiraba
el dulce aroma de mi propio hogar
tu ropa sucia, mis fotografías
los juguetes viejos de los niños
y esa llave que nunca supe lo que abría,
pero ya había perdido la casa
y tuve que reconstruir la esperanza
mucho más lejos de donde estaba calculado.
Ahora, cuando cada noche salgo a la calle con mi bolsa de basura
y aprovecho el paseo para encender ese cigarrillo que despierta
los perros de los vecinos
y los veo en sus casas encendidas consumir la vida,
me doy cuenta que en la oscuridad
era más fácil ser libre.
(Uberto Stabile: "La línea de fuego", ed. Brosquil, 2008, pp. 76-77).
miércoles, 19 de diciembre de 2012
"Manos", un poema de Robinson Jeffers.
Dentro de una cueva en un estrecho cañón cerca de Tassajara
la bóveda de la roca está pintada con manos,
una multitud de manos en la media luz, una nube de palmas de hombres, no más,
ninguna otra pintura. Nadie hay que pueda decir
si el tímido y silencioso pueblo café que está muerto pretendía
religión o magia, o si hicieron estos trazos
en los ocios del arte; pero, sobre los años divididos, estos cuidados
signos manuales son ahora como un mensaje sellado
que dice: "Miren: también fuimos humanos; tuvimos manos y no garras. Salve
les decimos, hombres de hábiles manos, que nos suplantan
en el hermoso país; disfruten por una estación su belleza y haced lugar
y sed suplantados; pues también ustedes son humanos".
.....
HANDS
Inside a cave in a narrow canyon near Tassajara
The vault of rock is painted with hands,
A multitude of hands in the twilight, a cloud of men's palms, no more,
No other picture. There's no one to say
Whether the brown shy quiet people who are dead intended
Religion or magic, or made their tracings
In the idleness of art; but over the division of years these careful
Signs-manual are now like a sealed message
Saying: "Look: we also were human; we had hands, not paws. All hail
You people with the clever hands, our supplanters
In the beautiful country; enjoy her a season, her beauty, and come down
And be supplanted; for you also are human".
(Robinson Jeffers: "Antología", ed. Libros del Umbral, 1999, pp. 86-87; traducción de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost).
la bóveda de la roca está pintada con manos,
una multitud de manos en la media luz, una nube de palmas de hombres, no más,
ninguna otra pintura. Nadie hay que pueda decir
si el tímido y silencioso pueblo café que está muerto pretendía
religión o magia, o si hicieron estos trazos
en los ocios del arte; pero, sobre los años divididos, estos cuidados
signos manuales son ahora como un mensaje sellado
que dice: "Miren: también fuimos humanos; tuvimos manos y no garras. Salve
les decimos, hombres de hábiles manos, que nos suplantan
en el hermoso país; disfruten por una estación su belleza y haced lugar
y sed suplantados; pues también ustedes son humanos".
.....
HANDS
Inside a cave in a narrow canyon near Tassajara
The vault of rock is painted with hands,
A multitude of hands in the twilight, a cloud of men's palms, no more,
No other picture. There's no one to say
Whether the brown shy quiet people who are dead intended
Religion or magic, or made their tracings
In the idleness of art; but over the division of years these careful
Signs-manual are now like a sealed message
Saying: "Look: we also were human; we had hands, not paws. All hail
You people with the clever hands, our supplanters
In the beautiful country; enjoy her a season, her beauty, and come down
And be supplanted; for you also are human".
(Robinson Jeffers: "Antología", ed. Libros del Umbral, 1999, pp. 86-87; traducción de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost).
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