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martes, 30 de octubre de 2012

"El pensador", un poema de William Carlos Williams.

Las nuevas pantuflas rosas de mi mujer
tienen unos alegres pompones.
Ni una sola mancha, ni una mota
en su puntera de raso o en los laterales.
Por la noche descansan juntas
bajo su lado de la cama.
Por la mañana, entre tiritones,
las entreveo y me sonrío.
Más tarde las miro
bajar por la escalera,
pasar apresuradas por las puertas
y trajinar en torno a la mesa,
moviéndose con decisión
¡y con un bamboleo
de sus alegres pompones!
Y colmado de felicidad hablo con ellas
en mis adentros.

.....

The Thinker

My wife's new pink slippers
have gay pompons.
There is not a spot or a stain
on their satin toes or their sides.
All night they lie together
under her bed's edge.
Shivering I catch sight of them
and smile, in the morning.
Later I watch them
descending the stair,
hurrying through the doors
and round the table,
moving stiffly
with a shake of their gay pompons!
And I talk to them
in my secret mind
out of pure happiness.

(William Carlos Williams: "Antología bilingüe", Alianza Editorial, 2009, pp. 86-89. Traducción de Juan Miguel López Merino).

lunes, 29 de octubre de 2012

El terremoto de Violeta.

  " Aquel parecía un día normal (...) en la mitad del otoño de Chile; el día, 22, y el año, 1960.

  La visitante recorrió lenta e impaciente, de arriba a abajo, el pequeño hall de recepción, como buscando alguna cosa no muy especial ni muy importante. (...) Finalmente, se aproximó a la ventanilla.

- Buenos días. Quiero poner un telegrama - dijo (...).

- Señora, no es posible.
- ¿Cómo que no es posible? ¿No es éste el Telégrafo del Estado?
- Sí lo es - repuso la joven -, pero si curso su mensaje puede costarme el puesto.

  La mujer tamborileó sobre el mesón reflexionando.

- Déjeme hablar con el jefe de la sección - dijo. (...)

- Veamos - dijo el hombre (...).

  Efectivamente, la muchacha no había mentido. Leyó enarcando las cejas:

'OYE DIOS: ¿POR QUÉ NO ME MANDAS UN TERREMOTO?
                                                       Fdo. : Violeta Parra'. (...)

- Conforme, no hay ningún problema - dijo -. Pero necesito su dirección. Ponga el remitente y yo me encargo de hacerlo llegar. (...)

- ¿Cuánto es?
- Ah, no se preocupe. Esto lo paga el destinatario. (...)

  Ciento quince minutos después, una vasta porción geográfica de aproximadamente 400.000 kilómetros cuadrados entró en acción. El primero y único aviso previo fue un remezón corto y violento. (...) Más de 10.000 muertos y once provincias destruidas fue el saldo del seísmo.

  (...) sólo años más tarde, conocí esta historia. Cuando algunos miembros de la delegación lograron salir a la calle, vieron desplomarse el hotel vecino, en que se alojaba la folklorista. No cayó por partes, no se derrumbó contra la calle: se arrugó sobre sí mismo hasta que sus cuatro pisos destartalados quedaron convertidos en un chato y humeante montón de tablas y clavos retorcidos impecablemente acumulados sobre la base, entre nubes de polvo y gritos. De entre aquellas vaharadas siniestras emergió Violeta, arrastrándose, las ropas desgarradas, el cuerpo cubierto de cenizas y lodo, con una guitarra desenfundada en la mano. No había sufrido la menor herida".

  (Patricio Manns: "Violeta Parra", ed. Júcar, 1984, pp. 13-16)

domingo, 28 de octubre de 2012

"Uno entre muchos epílogos", un poema de Pier Paolo Pasolini.

Ay, Ninarieddo, recuerdas aquel sueño...
del que tantas veces hemos hablado...
Yo estaba en el coche y me iba solo con el asiento
vacío al lado mío, y tú corrías;
a la altura de la ventanilla aún semiabierta,
corriendo ansioso y obstinado, me gritabas
con un poco de llanto infantil en la voz:
"Paolo, ¿me llevas contigo? ¿Me pagas el viaje?"
Era el viaje de la vida; y sólo en sueños
osaste descubrirte y pedirme algo.
Tú sabes muy bien que aquel sueño es parte de la realidad;
y no un Ninetto soñado el que dijo esas palabras.
Tan verdad es que, cuando hablamos de ello, te ruborizas.
Ayer, en Arezzo, en el silencio de la noche,
mientras el centinela echaba la cadena a la cancela
detrás de ti y tú ibas a desaparecer,
con tu sonrisa fulmínea y burlona, me dijiste... "¡Gracias!"
"¿Gracias, Niné?" es la primera vez que me lo dices.
Y, efectivamente, te das cuenta de ello y te corriges, aguantando el tipo
(en eso eres un maestro), bromeando:
"Gracias por el viaje". El viaje que tú querías
que yo te pagase era, lo repito, el viaje de la vida:
y en ese sueño de hace tres, cuatro años decidí
lo que a mi equívoco amor por la libertad era contrario.
Si ahora me agradeces el viaje... Dios mío,
cuando estás en el calabozo, tomo con miedo
el avión hacia un lugar lejano. De nuestra vida soy insaciable,
porque una cosa única en el mundo no puede nunca agotarse.

                                                    2 de septiembre de 1969

(Pier Paolo Pasolini: "Transhumanar y organizar", ed. Visor, 2002, pp. 90-91. Traducción de Ángel Sánchez-Gijón).

sábado, 27 de octubre de 2012

Céline al empezar el Viaje.

  "No se puede apreciar el arte del Viaje al fin de la noche en su justa medida sin saber que en la época en que, según sus propias declaraciones, llevaba ya un año trabajando en la novela, Céline entregaba comunicación tras comunicación a la Sociedad de Medicina de París (...). El primero de estos textos se reeditó y difundió de forma más amplia, durante la ocupación alemana, en 1941.

  En esta primera comunicación Céline alaba los métodos del industrial estadounidense Henry Ford (...), método que consistía en contratar preferentemente a 'obreros tarados física y mentalmente', a los que Céline también llama los 'desheredados de la existencia'. Este tipo de obreros, señala Céline, 'desprovistos de sentido crítico e incluso de una vanidad elemental' constituyen 'una mano de obra estable y que se resigna mejor que cualquier otra'. Céline deplora que todavía no exista nada semejante en Europa , 'bajo pretextos más o menos tradicionales, literarios, siempre fútiles y, en la práctica, desastrosos'. (26 de mayo de 1928).

  En el segundo texto, Céline propone crear un cuerpo de médicos-policías de empresa, una 'vasta policía médica y sanitaria' encargada de convencer a los obreros 'de que la mayoría de los enfermos puede trabajar' (...). Se trata de una 'labor paciente de corrección y rectificación intelectual', perfectamente factible, sin embargo, puesto que 'el público no pide comprender, sino creer'. (Artículo publicado en La Presse médicale el 24 de noviembre de 1928, precedido de una entradilla en la que la redacción se desvinculaba de semejante llamamiento 'a favor de la militarización de la medicina y la clase obrera')".


  (Michael Bounan: "El arte de Céline y su tiempo", ed. Pepitas de calabaza, mayo 2012, pp. 35-37. Traducción de Diego Luis Sanromán).

viernes, 26 de octubre de 2012

"Menú", un poema de Michel Gaztambide.

Medallón caliente sobre ensalada
Crema de lujuria con sus profiteroles
Lenguado con erizos de tu vientre
Liebre envuelta en mantas azules
Hojaldre con crema de castañas
Caracoles sin trabajo en salsa de Domingo
Foie frío con su gelatina dura
Lubina al horno sin precauciones
Pichón asado con pistolas
Harina caliente
Solomillo amarillo
Pastel de frutas rojas y crema de limón
Canutillos fritos al calor de la mano
Quesos variados de nuestra casa

  (Michel Gaztambide: "Ternura blindada", ed. Línea de fuego, 1999, pp. 23)

jueves, 25 de octubre de 2012

"La última rebanada de pan bimbo", un poema de Pablo X. Suárez.

Quizás no tengas nada
que envidiar a Rita Hayworth esta mañana, amor
con tu brazo enfundado hasta el codo en la bolsa
mientras tratas de coger la última rebanada
de pan bimbo.
El mundo que nos tocó vivir
a veces nos sorprende con ese tipo de metáforas
no tan sorprendentes como el hecho de que pretendas
comerte realmente la última rebanada
de pan bimbo.
Pero quizás estemos así de desesperados los dos
en este desayuno trágico.
Quizás ya las legañas
nos impidan de por vida contemplar aquel
paisaje, el de afuera, la calle trepidando
y estemos abocados a comer a ciegas
nuevamente, cada día temprano
la última rebanada de pan bimbo.

(Pablo X. Suárez: "Pop Retórika", ed. Glayíu, 2010, pp. 54)

miércoles, 24 de octubre de 2012

Nietzsche y la Biblia nazi.

  "(...) a partir de ese paseo al Montesacro, donde él dirá: - El sueño más maravilloso de mi vida lo debo a usted -, Nietzsche, iluminado, perderá todo contacto con la realidad. (...)

  La entrevista de Lucerna - donde Rée [Paul Rée] se reunirá con ellos - finaliza en el estudio de un fotógrafo. La idea es de Nietzsche. El resultado será un negativo que se ha hecho famoso. En la fotografía se ve a Nietzsche y Rée tirando de una carreta, mientras que Lou [Lou Andreas-Salomé], sentada detrás, agita una fusta. (...)

  Lou promete a Nietzsche pasar unas cuantas semanas de vacaciones con él. La invita a reunirse con él en Tautenburg, un pequeño pueblo donde ha alquilado una casa con su hermana Elisabeth. Esta hermana, hay que decirlo, ¡es una auténtica arpía! Pasó a la historia falsificando, sin ninguna vergüenza, los textos de su hermano, que murió loco en 1900, para adecuarlos a la doctrina hitleriana. Así, la voluntad de poder, la esencia más íntima del ser según Nietzsche, será glorificada bajo la denominación de nacionalsocialismo. (...)

  En 1882, Elisabeth no era más que una mema enamorada de su hermano que mantenía relaciones con un antisemita militante con el que contraería matrimonio. (...)

  Elisabeth lo intoxica con mentiras abominables sobre la mujer que continúa amando (...).

  Nietzsche es frágil, está enfermo de amor. Primero, se subleva; después, se lo traga todo. Entonces, escribe cosas horribles sobre Lou, (...) esa mona de pechos falsos, sucia, seca y hedionda... (...).

  De manera que, en Tautenburg, Nietzsche sufre solo, sin resignarse. Después, comprende que Lou se le ha escapado definitivamente (...).

  En ese momento, sufre un nuevo golpe: Wagner muere. Las dos heridas van a avivarse mutuamente. Nietzsche no es más que un bloque de dolor cuando coge la pluma y, en diez días, se arranca la primera parte de Así habló Zaratustra (...).

  Nos encontramos, entonces, a principios de 1883. En junio, redacta la segunda parte con idéntica celeridad. (...)

  ¿Qué habría sucedido si Lou hubiera compartido la vida y el amor de Nietzsche? Tenemos derecho a pensar que no habría escrito ese libro, cuya doctrina, la del superhombre, se convirtió, falseada por Elisabeth, en la Biblia del pensamiento alemán en la Alemania nazi".

   (Francoise Giroud: "Lou. Historia de una mujer libre", ed. Paidós, pp. 34-42)