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jueves, 30 de enero de 2014

"El buen salvaje", un poema de Félix Grande.

Llegué a creer que la felicidad
no es un asunto de los seres humanos
Y le llamé conocimiento
a una escarcha diaria y contagiosa
cuyo nombre es claudicación

Por todas partes me nacían camaradas
Veían grandeza en mi preocupación
llamaban madurez a mi infortunio
La miseria siempre ha gozado
de un raro y comunal prestigio

Ahora, cuando tu piel me dio el coraje
para agredir a la resignación
y bramar por la dicha en medio de las plazas

seres, instituciones, todo
me rehúye o me segrega
todo se aparta de mi lado, hiedo
Soy un peligro público que expande
la pestilencia de la libertad

(Félix Grande: "Biografía. Poesía completa (1958-1984)". Ed. Anthropos, 1989, pp. 348)

Diario (20)

30 de enero, 2014.

   Le han dado la patada a Pedro J. Ramírez. Una noticia insólita; seguramente es el primer redactor de ese medio al que despiden - o más bien cesan de su cargo, porque al parecer va a seguir vinculado al grupo editorial -  por llevar una línea desafecta y hasta desinfectante con el actual gobierno y su entorno. Como todo El Mundo sabe en casos así lo normal es que ni los contraten. No es, en cambio, el primer Pedro que niega hasta en tres ocasiones a su Señor. Existe al menos otro caso más o menos célebre. Aquél acabó llorando amargamente al darse cuenta, y si yo tuviese que pasarme el paro en compañía de Ágata Ruíz de la Prada, ¡mira lo que se me acaba de ocurrir!, creo que haría lo mismo. Aunque cada cual tiene sus preferencias, cierto, y como es sabido él no trata de ocultar al público las suyas y por eso precisamente se le conoce, por mostrarlas incluso con cierta exuberancia. Por no ser un hipócrita vamos. Claro que ha olvidado la regla de oro del neoperiodismo neoliberal: al mentor ni mentarlo. Pase lo que pase, contra viento y mareas. Predicar, o periodicar en su caso, la sofística y la sofisticación, y no incomodar al poder ni aunque nombren Ministro de Cultura a un tártaro saliendo de una tarta. Limitarse a mirarlo y achantar el mirlo. Sorprende en alguien tan profesional del asunto, y lo que me temo es que aquí no hay más que una lucha de poder por la hucha y que Pedro J. simplemente ha escogido su bando, o su banda, para ser políticamente correcto. Veremos si la suerte les sonríe y funda para ellos un diario que funcione, con estilo inglés, o una iglesia. Milagros mayores se han leído.

miércoles, 29 de enero de 2014

Diario (19)

29 de enero, 2014.

   El otro día encontré en la Cuesta de Moyano un ejemplar potable de "La aventura equinoccial de Lope de Aguirre", de Ramón J. Sender. Es una novela a la que hace ya tiempo que le había echado el ojo; tiene fama de ser la mejor que se ha escrito sobre el conquistador abollado, y eso que sobre Aguirre y su antiepopeya han corrido ríos de tinta y hasta de metraje. (O sea, que me la traje). Es un libro que se lee con gusto; bien documentado pero sin atosigar. Párrafos cortos sobre todo, frases directas y yo diría que hasta muy cinematográfico, en el sentido también de que te mete con habilidad en la historia que cuenta y en la otra, la que se escribe con mayúscula. Los diálogos están muy logrados además; recuerdo, por ejemplo, una intervención en uno de doña Inés, la mulata que ejerce de mujer fatal, cuando estaba ya liada creo que con su tercer gallego: "Me gustan los españoles. Querría ser la viuda de todos ellos". No lo consiguió pero por poco.

   Claro, hay que imaginar a trescientos barbudos mesetarios navegando durante meses Amazonas adentro. En busca de "El Dorado", el lago de oro. Un trecho largo. Dándoles mandobles a las ramas, descoyuntando y volviendo a armar bergantines, y puesto que eran españoles del dieciséis atizándose también sus buenos tizonazos, que allí el menos tarado estaba para ingresar en urgencias. Los indios motilones no podían ni soplar la cerbatana del canguelo con toda aquella tropa. No sabían lo que era el ganado caballar ni un granado caballero; los veían andar por ahí a arcabuzazos con los caimanes, a ñascos con los macacos y hasta las mariposas del río si hacía falta, y los pobres se acurrucaban en un rincón del poblacho con los mosquitos, por si las moscas. Se deshacían en reverencias y ofrendas para librar. Yo creo que cuando les indicaban el camino era más que nada por ver si se piraban bien lejos. ¿La dirección de El Dorado? No faltaba más... y la de la cueva esmeralda del tucán y su parienta la que canta si quieres... Por allí todo recto, paisa... ¡A trescientas y pico lunas!... Loros y papagayos se burlaban en la espesura de la jungla, aunque pa'gallos ellos, los gloriosos marañones. Venga, todos a remar con brío que he visto brotes verdes. "¿Está seguro vuesamerced?". "Joder, míralos Garcinúñez... Gordos como puños, y a puñaos".

   No es de extrañar que este episodio haya movido tantas plumas, de cacatúa incluidas. La biografía de Lope de Aguirre, cuyas andanzas van mucho más allá - participó en las guerras civiles de Perú, con coraje y después cojera; se cargó a un juez y luego persiguió durante años al funcionario que le había azotado; mató al gobernador de Potosí; proclamó a su bola y luego asesinó al Rey Fernando I el Sevillano; declaró abiertamente la guerra al de España... - da la impresión de haber sido vivida para novelarla después. Es uno de esos personajes en los que la realidad, solo pararse a pensarla, supera claramente a la ficción. Imparable, hasta el punto de que el propio Felipe II prohibió en su día citar su nombre y que fuese recordado. Aunque salta a la vista que el expediente tuvo tanto éxito como la expedición.



martes, 28 de enero de 2014

Diario (18)

28 de enero, 2014.

   Me tiene un poco acojonado lo de las palomas de la paz atacadas en la plaza del Vaticano. No faltará el clásico gacetillero de la orden que afirmará que son "cosas que pasan". ¡Pues a Noé no, oiga! ¡A él no le pasaban esas "cosas"! Problemas de fontanería los tenía, como todo el mundo, pero no me imagino la famosa escena bíblica con un cuervo y una gaviota saltando a degüello a por la palomita después de soltarla en el arca. ¿Qué vendría en los siguientes textículos? ¿Una polla gigante? Vale que lo que allí pone son parábolas, símbolos sujetos a interpretación... aunque de ahí a considerarlos ya trolas sin control hay un abismo vamos. ¿Donde dice "paraíso terrenal" qué debemos entender? ¿La Ley del Suelo? ¿Las Islas Caimán? ¿El Árbol de la Ciencia es ahora el pupitre de una escuela pública y la manzana prohibida la ausencia de becas para el comedor? "Si vuelves a tocar la fruta sin permiso te expulsamos, Eva... Mira: a Adán tampoco le dan". De verdad que no lo pillo. ¿Se tienen que jalar los lirios del campo? ¿Las palomas, también?... ¿Dónde están los teólogos cuando se les necesita? ¿Dónde Dios cuando hay necesidad? ¿Promocionando el libre albedrío - pero no elijas eso? ¿Esperando a que recapacitemos - pero os he creado idiotas? Como dicen las aves del cielo, y sobre todo últimamente: no me toques los huevos. Ya que va a orientarnos Ud. hacia el camino de la salvación y la gloria, cosa que me parece fenomenal, hágalo de manera competente, y yo diría que hasta con cierta premura. Ahora que cualquier centro comercial pachanguero puede trabajar los domingos no veo por qué no va a poder hacerlo también el centro del universo - o en caso contrario que contraten a otro, que habemus flexibilidad. Explique mejor aquello de que ni la esperanza ni la mismísima fe sirven de nada sin caridad, pero con claridad, eso sí. Que lo entiendan y lo interioricen hasta los listos de capirote que ponen cuchillas en las concertinas. Todos esos religiosos de pro que afirman que no hay que caer en el "buenismo", ni creer en las utopías. O sea: en lo que no se ha visto y solo se puede imaginar o sentir.


 

 


sábado, 25 de enero de 2014

Diario (17)

25 de enero, 2014.

   No es por pecar de ultrarracionalista, pero tengo mis dudas sobre si es Santa Teresa quien está defendiendo en verdad nuestros intereses. Que hay alguna clase de intercesión o interferencia está claro, pero no sé si será de tipo religioso o eléctrico-neuronal. Las posibilidades son siempre numerosas. Para empezar, podría tratarse de otro numen amoroso. No sería la primera vez. Durante la Guerra Civil, Francisco Franco recibía asiduas visitas de la madre Ramona Llimargas Soler, aunque sería más exacto llamarlas apariciones, puesto que ella, físicamente digamos, estaba siempre en otro sitio. Rezaban juntos el rosario y cosas así, y, aunque la señora solo hablaba catalán - vaya por dios - vocalizando despacito se entendían, hasta el punto de que el mismo Caudillo reconoció haber recibido de la asceta transubstanciada o lo que fuese un montón de avispados consejos para vencer en la Batalla del Ebro, así como para detectar a algunos masones y liberales que se habían infiltrado en su grupo de asesores. Solía surgir de pronto y sin previo aviso en los lugares más insospechados: en el coche oficial, en los paseos solitarios de Su Excelencia... en fin, donde a la beata le petase. Y en algunos casos produciendo terribles confusiones, porque algún militar allegado al Generalísimo, es sabido, llegó a pensar al verla que se trataba de, en efecto, Santa Teresa por ahí caminando. ¡Como iba de negro!... El error es comprensible, pero da qué pensar. ¿Y si Fernández Díaz ha equivocado también a la santa abulense con la monja bilocada? Catalana, no lo olvidemos, y sin la menor idea de hablar castellano... Tengo para mí que, antes de lanzar las campanas al vuelo, sería mejor cerciorarse, no sea que esté practicando algún tipo de doble juego, además, claro está, de los desdoblamientos. No digo yo que todo un Ministro del Interior vaya a rebajarse a tomar las huellas dactilares, pero quizá sí podría tenderle la mano la próxima vez, hacer que ella la tienda también y ver si todo está como debe. Incorrupto quiero decir.

miércoles, 22 de enero de 2014

Diario (16)

22 de enero, 2014.

   Cuando ayer hablaba del clima, obviamente no me refería solo al clima. Cierto que con la edad voy prefiriendo cada vez más los días de sol, siempre que no sean bochornosos en exceso; un sol tirando a septentrional o de septiembre, templado, más sobre un paisaje verde o marino que árido. Pero al hablar de la claridad, de la luz, se trataba de un posicionamiento no tanto meteorológico como estético, y referido fundamentalmente al contenido más allá de la forma. A la belleza que revela - o rebela - en lugar de la que oscurece. A la que nos recuerda la urgencia de curarnos y vivir mejor. Sencillamente.

   Desprecio sobre todo la palabra que ampara la crueldad y hasta la justifica. No digamos ya la que se regodea en ella. Las excusas biológicas, históricas o bíblicas para hacer el cabrón, para someter a toda clase de vilezas al más débil, alegando que se trata de una esencia humana o un mal menor, cuando no de un derecho económico o una fuente de beneficios... Ese tipo de intelectual con tanta supuesta clase, y tan poco magisterio, es el único quizá que sinceramente me repugna. Los que para tener razón necesitan robársela a otros, amilanando con citas más que iluminando conceptos. La maldad no es otra cosa que la peor manifestación de la estupidez, la más violenta y taimada... pero nada más. No hay ninguna sabiduría en ella, ni nada que aprender de esa extrema ignorancia por mucho que se extiendan o giren argumentos. Las maravillas de la ambición; la guerra como impulso al desarrollo industrial y financiero; la sempiterna "lucha por la supervivencia" de las especies... ¿Pero es que no se han dado cuenta de que el planeta está a un paso de explotar con todos dentro? Hace falta ser gilipollas profundo, vamos...      

   
 

   

martes, 21 de enero de 2014

Diario (15)

21 de enero, 2014.

   Recién llegado del gimnasio. Liando un pitillo. Últimamente el cielo estaba como agua de fregar, de un gris agresivo, y soltando chuzos con avaricia además; aunque hoy ha escampado y si bien no puede decirse que haga calor, porque no lo hace, al menos sí hay claridad, luz reconocible y prometedora - supongo que llamarla prometeica ya sería exagerar.

   De adolescente me sentía más inclinado al claroscuro, al clima gótico y hasta macabro. La estampa otoñal y tal, con el cielo encapotado y toda la orquesta de ocres. La adolescencia es una edad incivilizada - es lo mejor que tiene - que añoramos el resto de los años, pero con un criterio infame también. Excesivamente impresionable y dada al melodrama sin cuento, a los hundimientos titánicos y por supuesto a las pajas. Es tiempo de darle a la manivela que da gusto, de sentirse distante y distinto, hasta que la vida te da de hostias y te deja o bien atorado o te enseña a torear. No hay otra.

   Ahora es la luz lo que prefiero. Un sol tibio, temperatura suave, y el juego o incluso el jugo de los colores. Más allá de lo físico quiero decir, estéticamente también; ahondar en lo siniestro y lo frío es algo que cada día me produce menor interés. Naturalmente está ahí, pero me la suda, salvo que lo sufran quienes no lo desean. Es como la cáscara del plátano, que no te la comes; lo mondas y la mandas directa a la basura. Pues igual con lo perverso: que lo justifiquen como ley en sus cátedras y hasta lo idealicen otros si quieren. Quizá algún día crezcan... Veremos con el tiempo, y si hay luz suficiente, porque sin ella imposible.