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lunes, 29 de abril de 2013

Dos poemas de José Daniel Espejo.

          HASTA LUEGO

Sé la hora exacta, pero prefiero decir
que se arrastraban las nueve de la noche
como un muerto corriente abajo. Estábamos
a catorce de junio y el tilo junto a mi casa
todavía arrojaba una sombra torcida
y movía las ramitas para adaptarse
a una especie de brisa. Ella llevaba
los pantalones de cuadros y la piel de sus brazos
estaba suave y fría. El caramelo de menta
que acababa de comerse casi no pude
probarlo, porque entonces se puso
seria y me dijo algo
no recuerdo bien qué
ya sabéis, hace tanto
hace tanto tiempo, tanto
tiempo
tantísimo tiempo
ya.

.....

AYUDA A LOS ANCIANOS

Ser viejo. Bien, es posible
que yo nunca lo sea. Es posible
que ninguno podamos, pero imagino
mi casa y mi cuerpo de anciano,
un sillón donde aterrice un buen sol
y una cabeza calva donde tan sólo
algunos recuerdos fluyan en silencio
y me mantengan en pie. Quiero
ser ese viejo, y sé perfectamente
que no está de moda una cosas así, pero espero
oír mi voz cascada en la cocina vacía,
ese ritmo de vida en que los pasos
son fruto de un deseo particular.
Quiero veros a todos a la luz
bellísima que da el alejamiento.
Quiero ser viejo y que vosotros
no lo seáis.

     (José Daniel Espejo: "los placeres de la meteorología", ed. Nausícaä, 2000, pp. 53 y 62).

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Anda, qué sorpresa. Gracias a ti José, estuve leyendo ayer el libro y me encantó. Un saludo hombre...

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